Gracias a Roland Emmerich, ahora sabemos que hacia el año 10,000 antes de Cristo existía un grupo tribal conocido como los yagahl, de los cuales habrían surgido siglos después los cantantes de reggae y las modelos de cuerpo perfecto. De hecho, para no haber descubierto la agricultura, los salvajes tenían altamente desarrollados conceptos complicadísimos como el amor y el ecumenismo étnico.
Por eso cuando el director afirma vagamente que nunca se propuso hacer un documental, que su historia es una fantasía que pudo haber ocurrido en cualquier lugar, hay que creerle. En 10,000 a.C. todo es falso, artificial, producto de ocurrencias.
Por ejemplo, D'Leh (Steven Strait) es el paria de una tribu de salvajes que habita en el medio de una zona fría y que sobrevive de la caza de mamuts. Rechazado por lo suyos, el joven guerrero tiene que convertirse en líder para tener derecho a reclamar como esposa a Evolet (Camilla Belle), una bellísima doncella de ojos azules y piel perfecta.
Pese a tener la habilidad de derribar y matar bestias de toneladas de peso, y hacer pruebas de méritos basadas en quién es mejor cazador de entre ellos, los yagahl resultan francamente pusilánimes e incapaces de nada ante una banda de jinetes tratantes de esclavos que asalta su aldea, secuestrando a varios de sus miembros y llevándose consigo a Evolet.
Lo que Emmerich y su co guionista deben haber imaginado como la aventura de un hombre que va en busca de su destino mientras templa su carácter al calor de las batallas no es sino una cinta con un desarrollo mortalmente aburrido, con discursos guerreros motivacionales dignos del vestidor de los Raiders de Oakland.
Por cerca de dos horas no vemos más que la reiteración visual de la valentía y el cansancio que acompaña a D'Leh y los suyos, el drama de Evolet en manos de los forajidos y los éxtasis místicos en que entra la profetisa de la tribu para dejar claro que existe un orden cósmico y que los héroes de las películas de aventuras están predestinados a triunfar, no sin el sacrificio heroico de algún personaje secundario.
Con todo su impecable manejo de las imágenes de animales y escenarios creados digitalmente, 10,000 a.C. resulta una versión desteñida de Apocalypto , incluso demasiado timorata para atreverse a mostrar algo de sangre o de genuina brutalidad. La verdad es que pocos filmes reúnen tantos clichés sobre la prehistoria como éste: mamuts, pinturas rupestres, lenguaje supuestamente metafórico para referirse a las cosas, y otras tonterías de esas. Para mi gusto les faltó el volcán en erupción, básico en estas cintas. |