Agonía y nada más. Brokeback Mountain es sobre todas las cosas eso: agonía. Por eso, lo primero es hacer las tonterías a un lado y remover la curiosidad imbécil que ha llevado a muchos a las salas o la idea de que aquí hallarán una reivindicación o una bandera para sabe Dios qué cosa.
Lo segundo es reconocer que en efecto el trabajo de Ang Lee —así sea de corte independiente—, arriesga al desafiar (como bien apunta Rogelio Segoviano en Diario Monitor) los códigos fundacionales de un género tan clásico como el western. Lo hace, y además lo hace bien, construyendo sobre los cimientos de la deslumbrante fotografía del mexicano Rodrigo Prieto y la partitura de Gustavo Santaolalla, a quienes les permite brillar, entregándoles la pantalla durante minutos enteros.
Lo hace también tejiendo sobre un guión basado en un relato de no más de 30 páginas sobre la relación de Ennis Del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), dos vaqueros que se conocen mientras hacen cola para pedir trabajo como pastores de ovejas, mientras dura el verano, relegados del mundo, en la montaña. Ahí, lo que empieza como nada y se convierte en amistad, terminará siendo una corta historia de amor que tiene que detenerse cuando no queda más remedio que bajar de la montaña y separarse.
A diferencia de Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002), aquí no hay una sociedad decente que arrope “las relaciones vergonzosas” de sus miembros más respetados. En lo concreto, no hay un dilema exactamente moral; tras reencontrarse cuatro años después, Ennis y Jack establecen una relación de encuentros furtivos, obligados a hacerlo así más por sus circunstancias personales que por el juicio social. Ambos vaqueros (al menos el caso de Ennis resulta muy claro) tienen familias a las que aman genuinamente y a las que en todo caso no desean lastimar.
La profundidad del drama la pone Heath Ledger, la mitad menos afortunada del romance, en tanto su situación no le permite asumir con más holgura sus escapadas. Su amor por el otro se desarrolla de una manera más lenta y amarga, porque su personaje sabe menos de cómo enfrentar una realidad que desde niño lo ha golpeado.
Si el aspecto pasional se nota o no entre los actores, creo que poco importa. Aunque uno y otro se imponen puertas afuera la rudeza como código de hombría, hay escenas sobrecogedoras que lo dicen todo como aquella en la que Ennis descubre en un cuarto vacío una vieja camisa que permanece enganchada con otra de Jack, abrazándose a ellas como si en esto le fuera todo.
Del otro lado, Michelle Williams presenta la mejor réplica en su papel Alma, cuando más que descubrir un beso de su marido a otro hombre ve cómo su vida rutinaria y predecible se sale por completo de su control.
Brokeback Mountain se alarga innecesariamente, el título en español no le hace justicia a la sencillez del concepto original y el maquillaje es desastroso a la hora de mostrar los estragos del tiempo en los actores, particularmente en el caso de Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway, cuyo papel está por debajo del resto.
A pesar de ello y en lo general, los actores son notables, por lo que esta cinta se asume desde muchas posiciones, pero difícilmente desde la indiferencia. Como dijo alguna vez el joven actor Thomas Sangster: ¿Qué hay peor que la agonía total del amor?
Nota al calce: Además de ser responsable de la fotografía, el mexicano Rodrigo Prieto tiene una breve aparición en la cinta como prostituto homosexual en Tijuana. |