Además de decidir por una convencional historia de amor en su primer filme como director, el también actor Justin Theroux muestra que en el camino también es posible ofrecer momentos agradables y que los personajes pueden ser perfectamente geniales sin que el amor sea el gran imperativo.
Al menos durante su primer tercio, Buscando amar se centra en la relación entre un veterano dibujante, Rudy Holt (Tom Wilkinson), y su mucho más joven colaborador Henry Roth (Billy Crudup), con quien, luego de salir de una función en un cine para adultos, crea a Marty el castor, personaje de un libro para niños que se convierte en todo un éxito.
Además de poseer todo el catálogo de manías de un comportamiento obsesivo compulsivo y sufrir frecuentes ataques de ansiedad que controla poniendo objetos pesados sobre su pecho, vamos comprendiendo que no está en la naturaleza de Henry escribir para niños. Rudy es una suerte de conciencia, intenta convertirlo con sus consejos y críticas en un ser adaptativo y funcional, pero antes de conseguirlo, muere.
La parte humana de ambos personajes no es, sin embargo, del interés de su intimidante editor (Bob Balaban, notable), quien espera tener en las librerías, antes de Navidad, un nuevo libro sobre el castor. El hombre simplemente decide asignarle a Henry una nueva ilustradora, Lucy (Mandy Moore), para que ambos le entreguen un volumen terminado en el tiempo marcado por el contrato.
Es en este punto donde Buscando amar toma el rumbo que le marca su título y se parte en dos para dar inicio a una segunda película con un tono mucho más familiar y predecible. La comedia romántica resuelve las vidas de sus protagonistas, dispone los corazones a mirar la belleza y a cambiar por amor. Los personajes adultos que Theroux nos había presentado en un principio, pierden su complejidad, se ablandan, y la película en general pierde la oportunidad de ser mucho mejor de lo que es.
El filme llega a ofrecer acaso un par de detalles más, entre los que se encuentra una dedicatoria en un libro (la cual le da su nombre original a la cinta) y dos o tres diálogos con algo de vida. Pero en lo fundamental, después de ese agradable entremés con los autores de Marty el castor, el trabajo pierde esa amargura que suele humanizar a los personajes; al menos en este caso el enamoramiento los vuelve planos, predecibles, los hace menos interesantes. |