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El Centinela es un filme basado en una novela escrita por Gerald Petievich, un ex agente del servicio secreto de Estados Unidos que ha publicado ya varios títulos con buena acogida entre lectores de ese país. Ese antecedente haría suponer una trama un poco más compleja para la película, que la misma paranoica historia en la que unos terroristas intentan asesinar al presidente, pero no es así.
La cinta del director Clark Johnson es más bien un recordatorio mundial a valores extensivos más allá de las fronteras estadounidenses: sentimientos patrióticos (por supuesto por EU), respeto a su presidente y fobia a los extranjeros. Debería darnos miedo que una historia docenas de veces contada se siga reproduciendo en el cine, el día menos pensado habrá motivos en nuestra cabeza para pensar que eso es posible. Es decir, hay miles de razones en miles de cabezas para hacerlo, pero al final, el hombre con más poder del universo seguirá con vida en la vida real y en la pantalla.
En los hechos, la figura del presidente en el cine gringo es un personaje clásico, porque cabe con holgura lo mismo en épicas extraterrestres que en comedias románticas. Pero después de ver esta película, uno concluye que en México definitivamente podrían hacerse thrillers políticos y de espionaje mucho más inquietantes y sin mucho esfuerzo, con un presidente y policías como los nuestros, dotados de personalidades tremendas.
En El Centinela las variantes ya no asombran. Por una parte, un miembro de su servicio secreto quiere matarlo. Por la otra, un segundo agente secreto con más de 20 años de servicio se encama (en secreto) con la primera dama (ese es Michael Douglas en su papel de galán otoñal sexoso y entrajetado). Los dos asuntos se mezclan con mucho retraso en la película y se resuelven con celeridad.
¿Es problema de la novela, del guión o del director? La musicalización es acertada y cada actor está en su personaje. Los fans de Kiefer Sutherland se verán complacidos con su interpretación al estilo de la serie 24. Sin embargo, hay un descuido lamentable en el suspenso, necesario en una situación de persecución como la que propone la historia y que nos remite a películas recientes que sí lo lograron bien: El Fugitivo (1993) y Enemigo público (1998).
Si usted quiere ver El Centinela sólo por Eva Longoria, también ahórrese el boleto, porque en trajecito sastre sin escote y su personaje intrascendente, no provocan el mismo pensamiento pecaminoso que la desesperada Gabrielle Solis de Desperate Housewives. |