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Desde la oscuridad total, la voz de Johnny Depp nos advierte: “No les voy a gustar”. Desde ahí nos está mintiendo, conscientemente, viéndonos a los ojos (¿cómo nos puede ver asi? Ése es el alcance del cine, el de la actuación de Johnny Depp). A partir de esa frase vamos conociendo a su personaje, John Wilmott, conde de Rochester, un hombre que desprecia la vida y lo dice mediante su mirada ardiente y melancólica a la vez, su gesto despectivo, su sentido del humor despiadado, su estilo de vida autodestructivo y sus palabras, que dirige con desdén a todos, incluida su madre y el rey Charles II (John Malkovich).
Pero en el fondo, Wilmott es un artista con un talento para escribir que envidian sus amigos (y que le vale que el rey lo llame para ser el escritor de su corte), que posee una sensibilidad que lo hace convertir a una mediocre principiante de actuación (Samantha Morton) en una actriz con intensidad y presencia en el escenario, y que cuenta con una personalidad tan atrayente y carismática que lo mantiene siempre rodeado de mujeres, seguidores y adversarios. Al final, con la ultima pregunta que nos hace: “Les gusto ahora?”, vemos que este personaje tan ambiguo no puede permanecer en la oscuridad, aunque así lo prefiera él.
Sorprendentemente, esta opera prima del director Laurence Dunmore resulta ser una obra maestra, por su estilo fuerte, directo, envolvente, oscuro, áspero y triste. El ambiente en Inglaterra en el siglo XVII es sórdido, lleno de bruma y penumbras. Las actuaciones de Samantha Morton, como Elizabeth, la actriz amante del conde, y John Malkovich, como el rey Charles II, son excelentes.
Gracias a su talento que ya ha dejado de reconocer límites, Johnny Depp muestra ser todo lo contrario al título de El decadente. A lo largo de su carrera, el estadounidense ha dado pruebas de que el adjetivo de “actor camaleónico” —el cual hoy se usa en demasía para referirse a casi cualquier actor—, es una de sus principales características, además de que serlo no sólo implica disfrazarse y adoptar muchas imágenes diferentes, sino meterse en el personaje y vivirlo, darle personalidad y alma.
Esos son los buenos actores... pero Deep raya en la excelencia. Es capaz de interpretar con toda la credibilidad, autenticidad y creatividad a personajes de lo más dispares y difíciles, baste verlo como un joven de gran corazón en ¿A quién ama a Gilbert Grape?; como el superexcéntrico Willy Wonka en Charlie y la fabrica de chocolates; un serio e incorruptible agente en Donnie Brasco; un astronauta poseído por una fuerza del espacio en El Engendro; un enloquecido drogadicto en Miedo y asco en Las Vegas; un hombre fascinante e indescriptible en Hombre muerto; un muchacho tierno y puro en El joven manos de tijera; un fantástico y originalísimo capitán Jack Sparrow, en Los piratas del Caribe; un director de cine diferente a todos en Ed Wood... En fin, Johnny Depp no termina de buscar y alcanzar nuevos universos y cada vez llega más lejos. |