Tanto en su primera película Super Size Me, como en la serie de televisión 30 Days, el director Morgan Spurlock llamaba la atención sobre problemas serios de la sociedad estadounidense. Informaba de una manera peculiar; se volvía parte del problema e incluso se involucraba activamente en grupos objeto de estigma, lo que le permitía aportar, desde la propia experiencia, un punto de vista valioso y lleno de humor sobre cada fenómeno.
En su más reciente documental, Spurlock toma como pretexto la llegada de su primer hijo y con la intención de hacer del mundo un sitio más seguro para él, se embarca en la idea de encontrar y capturar a Osama Bin Laden, el principal enemigo de la seguridad en el hemisferio, por lo que inicia un viaje por Egipto, Marruecos, Jordania, Israel, Afganistán y Pakistán, tratando de encontrar su rastro.
A pesar de echar mano de material de archivo y animaciones al estilo del videojuego Mortal Kombat, ¿En dóndé diablos está Osama? se integra básicamente de testimonios de gente común que al mismo tiempo que intenta responder a la pregunta inicial del filme, permite ver un mundo musulmán en el que
los jihadistas resultan ser una minoría altamente nociva, pero minoría al fin y al cabo, cuando se les compara con las miles de familias que cuestionan la política exterior de Estados Unidos, pero están lejos de prodigar odio contra sus ciudadanos.
Sin embargo, algo es cierto. Pese al énfasis en torno a los riesgos que supone una idea como la que plantea la película y la estructura dramática que uno esperaría encontrar en esta pretendida cacería del terrorista, Spurlock está lejos de colocarse en verdadero peligro. Al final del viaje, las conclusiones resultan tan simplistas como blando el mensaje general de un documental cuyo mayor fallo es la ausencia de datos duros (los cuales sí tenía su anterior cinta) que nos digan algo que no sepamos de Medio Oriente.
Hacia el final, el realizador se encuentra en Afganistán con una escena que hace que el resto de su trabajo parezca redundante en cuanto a probar que los musulmanes no son diametralmente distintos de nosotros: un modesto comerciante mira una función de lucha de la WWE, el director le dice que se trata de un espectáculo arreglado; él lo piensa, concede que puede ser cierto, pero se niega a aceptar cualquier farsa en los combates por un campeonato.
Pese a su título provocador y una premisa llamativa que se agota después de unos minutos, ¿En dóndé diablos está Osama? postula un discurso político algo ingenuo acerca del mundo posterior al 9/11 del que no puede sacarse alguna conclusión realmente valiosa. |