Engañosa por su título en español, Dorothy Mills es en realidad una derivativa cinta de suspenso sobrenatural que si bien no carece de cualidades, se desarrolla a un ritmo cansino, capaz de hacer caer en un profundo sueño a un público poco dispuesto. La historia se desarrolla en una pequeña isla irlandesa de población en apariencia puritana. Jane Morton (Carice Van Houten) una psicóloga llega al lugar para evaluar la condición mental de Dorothy Mills (Jenn Murray), una adolescente acusada de intentar asesinar a un bebé mientras trabajaba de niñera, y así establecer si la joven es apta para ser sometida a un proceso. Sin embargo, pronto averiguará que en el cuerpo de la muchacha parecen habitar cinco personas diferentes; mientras para ella se trata de un claro caso de personalidad múltiple que puede ser tratado, para los supersticiosos habitantes de la isla, Dorothy resulta ser una suerte de instrumento humano que sirve como canal de comunicación con el otro mundo. Lejos de pretender erigirse en un nuevo y fallido relato sobre posesión demoniaca que inevitablemente terminaría siendo comparado con obras fundacionales como El exorcista, el filme de Agnès Merlet busca mantener cierto tono de ambigüedad respecto de los eventos sobrenaturales. Sin embargo, el tratamiento no logra elevar la tensión, la angustia, ni logra introducirnos en un escenario que se supone opresivo; a cambio de un mínimo de escenas perturbadoras sobreabundan los pasajes cansados, sumidos en neblina y lluvia, sin mencionar un final arbitrario y de salida fácil.
Enviada directamente a DVD en la mayoría de los países a los que ha llegado, Dorothy Mills termina por convertirse un difícil trámite del que se rescatan las actuaciones de Carice Van Houten y la debutante Jenn Murray, pero del que no queda mayor huella. |