The ring two (2005)
Estados Unidos
111 min.
Hideo Nakata
 
 
 
Ehren Kruger
Gabriel Beristáin
Hans Zimmer
Naomi Watts, David Dorfman,
Simon Baker, Emily VanCamp,
Sissy Spacek, Elizabeth Perkins, Meagen Fay, Mary Elizabeth
Winstead

 
Juan Carlos Romero Puga

Francamente no valdría la pena hablar de El aro 2, si no fuera porque al verla uno se remite forzosamente a la primera parte, dirigida en 2002 por Gore Verbinski, y a su antecedente Ringu (1998), de Hideo Nakata, ya convertida en todo un filme de culto.

Y es que la continuación de esta cinta carece de todas las cualidades de la primera. Las diferencias son enormes, pues mientras El aro parece un trabajo maduro e inteligente, El aro 2 se queda, con toda franqueza, en el nivel de cine adolescente, con un guión pésimo y efectos visuales malos.

Si bien Hideo Nakata fue el director de las versión japonesa original, su trabajo en esta cinta se encuentra muy lejos de ser sobresaliente. De hecho, la película se halla plagada de guiños —involuntarios quizás— a películas como Pesadilla en la Calle del Infierno y El exorcista: el comienzo.

El aro 2 comienza seis meses después de que Rachel Keller (Naomi Watts) y su hijo Aidan (David Dorfman) dejaran atrás su vida para escapar de una cinta de video en la que reside el espíritu perverso de una niña llamada Samara Morgan, quien mata, luego de siete días, a todo el que ve la cinta. Sin embargo, en esta ocasión, los ataques de Samara están dirigidos directamente contra Rachel y su hijo, como una extraña venganza contra ambos.

A diferencia de la cinta de 2002, los recursos narrativos de este trabajo resultan por demás baratos en tanto se tiene que echar mano de un dudoso vínculo psíquico entre Rachel y Aidan para desenredar la trama. En este caso no hay señales ocultas dentro de un video; de hecho, el video simplemente se proyecta ante los ojos de Rachel, como una revelación sacada de ningún lado, gracias a ese vínculo metafísico entre los dos.

Los sobresaltos en esta película no podrían estar hechos de forma más artificial, además de que se limitan a recursos efectistas más que a estados de tensión duraderos y bien facturados, como sucedía en la primera parte. La excesiva aparición de la figura de Samara no sólo habla de lo pobre del guión, sino que su fantasma parece menos aterrador mientras más se le muestra en pantalla.

Un elemento representativo de la falta de ingenio en las temáticas fílmicas estadounidenses —aunque de origen esta película sea japonesa— es echar mano de los sueños como lenitivo de las situaciones inexplicables y de un loco que curiosamente siempre tiene la razón. El aro 2 no sólo no está exento de esto, sino que se inventa el cuento de que mientras uno duerme, los muertos no saben lo que uno piensa. Previsiblemente, Rachel y su hijo Aidan tienen que encontrarse en ese espacio onírico para acabar con el espectro que los persigue, luego de haber sido aconsejados por una loca interpretada por Sissy Spacek.

Lo curioso es que mientras madre e hijo luchan contra la aparición de Samara, ocurre al menos una muerte que parece no importarle a nadie, ya que Naomi Watts puede gritar desesperada en medio de una calle sin que nadie aparezca, al tiempo que puede dejar un cadáver abandonado y vivir en casa de éste sin que nadie venga a la puerta a hacer una sola pregunta.

El aro 2 es un trabajo menor en el género, muy lejos de ser una buena película; no obstante, está lejos de haber sido tratada mal por la crítica.