Richard LaGravenese, basado en el libro "The freedom writers diary" de The Freedom Writers y Erin Gruwell
Jim Denault
Mark Isham, will.i.am
Hilary Swank, Patrick Dempsey, Scott Glenn, Imelda Staunton, April Lee Hernandez, Mario, Kristin Herrera, Jacklyn Ngan, Sergio Montalvo, Jason Finn, Hunter Parrish

 
 
 
Freedom writers (2007)
 
Estados Unidos
 
123 minutos
Richard LaGravenese
 

 

Las historias reales de maestros que toman bajo su responsabilidad a un grupo de jóvenes en los que nadie cree (casi siempre por cuestiones raciales o socioeconómicas), inspirándolos y haciéndolos mejores de lo que la gente les dice que son, suelen ser rescatadas de cuando en cuando por Hollywood en cintas que, si bien suelen dejar una buena impresión, han perdido por completo la originalidad.

Hay buenos ejemplos de ello en el pasado reciente.

De la misma manera en que Dangerous minds (John N. Smith, 1995) y Stand and deliver (Ramón Menéndez, 1988) se ocuparon de narrar dos casos relacionados con minorías y grupos de pandilleros tocados por la vocación de su maestro, Escritores de la libertad es el montaje cinematográfico de otro caso real, el de Erin Gruwell (Hilary Swank), una jovencísima profesora de literatura de una secundaria de la California de los días posteriores a los disturbios ocasionados por el caso Rodney King.

Los alumnos, adolescentes provenientes de varios barrios de la zona de Long Beach no sólo aparecen en conflicto constante con la autoridad, sino que están enfrentados a muerte entre sí, dado su variado origen. Sin embargo, la profesora logra interesarlos en la palabra escrita a través de lecturas que se vinculan con su circunstancia personal y del proyecto de un diario personal en el que los muchachos se desbordan artística y existencialmente.

El grueso de la cinta se siente genuina, sincera, gracias en mucho a las actuaciones de Hilary Swank y el grupo de jóvenes a su alrededor. La emotividad de las luchas personales que enfrentan los personajes de esta Escritores de la libertad se ve verdaderamente abaratada por el catálogo de optimismo en que se convierte el filme durante largos periodos.

El guión de Richard LaGravenese es un innecesario torrente de positividad que lo harta a uno de frases y actitudes optimistas de una protagonista ofensivamente ingenua, quien parece no entender mucho de la complicada realidad que el contexto plantea.

En aras de mostrar a un ser ejemplar, el director y guionista hace de Gruwell una mujer un tanto insensata que manda al diablo su vida personal para conseguirse tres empleos que le permitan absorber los gastos que implica ganarse a un grupo al cual no le agrada.

El cuadro, por supuesto, no estaría completo si la profesora no se enfrentara al sistema educativo, intentando cambiarlo, y si sus alumnos no aparecieran como seres humanos víctimas, sin ninguna responsabilidad por sus actos. Esto —LaGravenese parece no darse cuenta— deshumaniza a la maestra y a los alumnos, convirtiéndola a ella en mucho más que la guía del grupo.

Así, pues, Escritores de la libertad comete excesos, fuerza el melodrama a base de algunos recursos fáciles que garantizan que el público se conmueva de manera artificial.

Con todo, queda el hecho de que la historia es real. Los muchachos de la escuela Woodrow Wilson son la inspiración de un filme que pese a algunos pequeños chantajes sentimentales habla del poder transformador de la palabra escrita. Esta adaptación cinematográfica se sumará sin problema al catálogo que ya refería al principio de este texto como una película muy conmovedora, pero no lo suficientemente lograda.

 
 
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