Kevin Smith
Dave Klein
James L. Venable
Seth Rogen, Elizabeth Banks, Traci Lords, Jason Mewes, Ricky Mabe, Craig Robinson, Katie Morgan, Jeff Anderson

 
 
 
Zack and Miri make a porno (2008)
 
Estados Unidos
 
101 min.
Kevin Smith
 

 

Sin ser totalmente subversivo, durante poco más de una hora Hagamos una porno, de Kevin Smith, es un filme ingenioso y divertido que parece simplemente meterse de improviso en la vida de dos amigos, Zack y Miri (Seth Rogen y Elizabeth Banks), quienes han vivido juntos por diez años y han establecido una relación de verdadera camaradería entre ellos.

Ambos tienen trabajos malos, hacen compras idiotas como consecuencia de no establecer prioridades y tienen decenas de cuentas por pagar. Cuando la situación se vuelve insostenible y empiezan a sufrir los cortes en el suministro de electricidad, agua y calefacción, las alternativas también se les agotan, de modo que para obtener algo de dinero ambos se deciden a hacer de manera amateur una película para adultos.

Mucho más identificable con el trabajo reciente de Judd Apatow (Virgen a los 40, Ligeramente embarazada) que con sus propia obra anterior, el director construye situaciones improbables que involucran a seres ordinarios y extrañamente creíbles. Su mayor acierto, sin embargo, es no tomarse demasiado en serio, dar espacio a un tono agradablemente profano que se propone (aunque al final no lo termine logrando) subvertir las reglas del género.

El empeño que los personajes ponen en la concepción de su propia película porno es genuinamente divertida. Con una pequeña ayuda, Zack y Miri logran echar a andar el proyecto y con poco logran generar un interés legítimo en su película, una suerte de parodia de Star Wars a la que llaman Star Whores, para la cual reclutan a un elenco que incluye a Katie Morgan y Traci Lords, dos auténticas actrices de la industria del cine para adultos.

Si esta extraña comedia romántica resulta tan agradable a pesar de su continua provocación, vulgaridades y su lenguaje de bucaneros ebrios al que uno se va volviendo inmune al paso de los minutos, se debe a que se preocupa en contar una historia que valga la pena por sí misma, más que en accionar ciertos mecanismos que apelan al sentimiento. Ninguno de sus dos protagonistas es un desvalido emocional; se estiman y se conocen hasta en sus hábitos más desagradables. No están buscando amor, pero ambos saben que el sexo podría echar a perder su amistad.

Rogen y Banks hacen una buena pareja, totalmente al margen de todos los convencionalismos románticos, pero la torpeza en la conducción del último tramo de la historia echa a perder buena parte de ello, reproduciendo casi todo lo que uno esperaría en un producto de fórmula. Lo que no se puede negar es que tras esta película hay, además de humor, coraje suficiente para poner un título que ha espantado a exhibidores y a un buen sector del público. Bajo esas circunstancias, lo mínimo que puede hacerse es darle a la gente una cinta que dé de qué hablar. Kevin Smith lo hace.

Claro que nunca faltan los soldados de Cristo que a pesar de leer en la luminaria del cine Hagamos una porno, entran a evaluar la pertinencia para los cristianos renacidos de ver una cinta como ésta, para luego salir sorprendidos de las numerosas alusiones sexuales y las veces que se profana en estas películas el nombre de Dios. Ni como ayudarles, me cae.

 
 
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