Don Mancini
Vernon Layton
Pino Donaggio
Jennifer Tilly, Redman, Hannah Spearritt, John Waters, Debbie Lee Carrington, Jason Flemyng

 
 
 
Seed of Chucky (2004)
 
Estados Unidos
 
87 min.
Don Mancini
 

 

Las películas de mala calidad también merecen ser comentadas; después de todo, no hay bueno sin malo. Si debiera escribir sobre una mala película que haya disfrutado mucho, aunque no haya dejado de pensar en lo pésima que era mientras la estaba viendo, mi elección sería El Hijo de Chucky, que ya desde el título da miedo... sólo de pensar en lo horrorosa que va a ser.

Chucky dejó su huella en el cine como una película de terror muy entretenida en la que Charles Ray, un asesino psicópata, llevaba a cabo un rito de vudú en un muñeco del tamaño de un niño, antes de morir, para una vez dentro del cuerpo del muñeco seguir matando gente.

Después salieron la segunda y la tercera parte, que vinieron a dar al traste con la serie, y luego una cuarta: La novia de Chucky, en la que lo único rescatable es la participación de Jennifer Tilly, como la novia de Charles Ray, misma que para vengarse de él, se apodera del muñeco, sin contar con que éste la asesinará y realizará el mismo rito vudú en una muñeca.

Jennifer Tilly es una actriz que, entre queriendo y no, se ha especializado en este tipo de películas. A lo largo de su carrera hemos podido verla como la amante y protegida del gangster Chazz Palminteri en Balas sobre Broadway; como la esposa infiel, solapada por Jim Carrey en Mentiroso mentiroso; como la prostituta asesina y amante del Padrino Latino en Sangre por Sangre 2, o en su papel mas relevante hasta el momento, en La Trampa (Bound) donde interpreta a una chica muy problemática que, como ella misma dice, al final se queda con el dinero y con la chica...

En El hijo de Chucky, Tilly se interpreta a sí misma, aun cuando ya había hecho el papel de Tiffany, la novia del muñeco, en la película anterior. Esta cinta se decanta por lo irónico, las bromas, lo paradójico y deja ya un poco de lado el terror. Todavía se pueden ver decapitaciones, asesinatos por ácido, destripamientos, entre otras cosas, pero lo que predomina es el absurdo.

El hijo de Chucky es un muñeco explotado por un falso ventrílocuo, quien lo tiene atrapado, aunque una noche escapa para reunirse con sus padres, quienes se encuentran filmado una película de terror protagonizada por Jennifer Tilly.

Cuando el hijo se reúne con sus padres, éstos recobran la vida y empiezan a asesinar a quien se les pone enfrente, aunque él preferiría tener una familia "normal". Atrapados en los cuerpos de los muñecos, Charles Ray y Tiffany, llevan a cabo de nueva cuenta su rito de vudú en Jennifer Tilly y su novio, con la variedad de que embarazan a la actriz para que su hijo también pueda tener cuerpo humano.

El colmo de los colmos es que el hijo no sabe si es niño o niña, por lo que el orgulloso papá lo llama Glen y la mama prefiere que sea Glenda. Lo que decidirá si es Glen o Glenda es el sexo del bebé que tenga Jennifer, sin embargo, ella da a luz a un niño... y a una niña.

Además de que forma parte de la saga de Chucky —y espero que sea la última para que esta quinta entrega, que es mejor que la segunda, la tercera o la cuarta, sea el cierre—, la razón por la que vale la pena ver esta película (y vaya que si es una pena) es Jennifer Tilly.

En su interpretación de sí misma, la actriz permite mostrar mucho de su vida, sus problemas y su carrera. Vemos las dificultades que tiene para conseguir buenos papeles (por ejemplo, se menciona que ella quería trabajar en Erin Brockovich, papel que le dieron a la mucho más popular Julia Roberts, y a quien la cinta le valió el Oscar); su entusiasmo excedido con la primer oferta de trabajo que le llega, aunque ésta sea malísima; su falta de fuerza de voluntad que le impide conservar la línea, sus métodos para obtener papeles valiéndose de su cuerpo; su soltería a su edad... en fin, Jennifer se burla de sí misma, de su suerte y hasta de su voz (de hecho hizo el doblaje de Celia, la novia de Mike Wasawski en Monsters Inc.).

La ironía ha sido uno de los básicos en la vida de Jennifer Tilly y lo es también de esta película, que aprovecha su sentido del humor y su imagen, sumándola a la de Chucky. En pocas palabras, lo que hace esta película es colgarse de la minifalda de Jennifer.

 
 
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