Para este momento, Bob Dylan ha grabado 44 discos, ha sido nominado ocho veces al Nobel de Literatura y premiado excepcionalmente con el Pulitzer por su profundo impacto en la música popular y en la cultura norteamericana. Yo apenas he pasado los últimos dos años de mi vida escuchando su música, no presumo de entenderlo, me cuesta asimilar casi la mitad de su obra, pero sí sé que es más grande que los Beatles.
Mi historia sin mí (I'm not there) es probablemente una de las biopics más inusuales que se hayan filmado; básicamente, el artista biografiado no se encuentra en ella. Este experimento de Todd Haynes, director y guionista, consiste en recrear facetas y pasajes de la vida de Dylan a través de seis personajes ficticios que lo representan y que van construyendo un rompecabezas cuyas piezas sólo los conocedores de la vida del compositor podrán poner en el lugar correcto.
Ninguno de ellos es Dylan y a la vez todos lo son: Woody Guthrie (Marcus Carl Franklin), un niño negro que viaja solo y sin rumbo contando historias con su guitarra; Jack Rollins (Christian Bale) un cantante que alcanza notoriedad con su música de protesta, pero que abandona su vida de artista para convertirse en ministro religioso; Robbie Clark (Heath Ledger), un actor cuyo matrimonio con una pintora francesa empieza a irse a pique.
Billy the Kid (Richard Gere), un viejo vaquero que vive como ermitaño y que tiene que hacer frente a los abusos de un tal Pat Garret; Arthur Rimbaud (Ben Whishaw), un joven poeta de breves y escasas apariciones, y finalmente, Jude Quinn (Cate Blanchett), el artista que enfrenta los cuestionamientos y el repudio de críticos y seguidores, quienes lo acusan de traición por dejar de poner su música al servicio de las causas.
Por mucho, el Dylan más atrayente es este último. El joven de aspecto andrógino, parco, pero contundente, asqueado de que se le exija ser portador de mensajes y que no se le perdone ser un artista no militante, que sólo aspira a hacer su música.
Difiero, pues, de quienes aseguran que para disfrutar este filme se tiene que ser un conocedor tanto como un admirador de Dylan, aunque concuerdo también con Fausto Ponce en el sentido de que es capaz de ahuyentar a los no iniciados.
Mi historia sin mí es una experiencia a la que cada quien puede ponerle el adjetivo que prefiera, pero arriesgo a decir que muchos la encontrarán interesante e incluso disfrutable. Su verdadera fuerza no está en realmente en estas seis visiones fragmentarias del autor de "Like a rolling stone", sino en el hilo conductor entre todas ellas: la música.
Créanme que en ella se percibe algo grande. |