Eli Roth
Milan Chadima
Nathan Barr
Jay Hernandez, Derek Richardson, Eythor Gudjonsson, Jennifer Lim, Barbara Nedeljáková, Jan Vlasák, Jana Kaderabková, Rick Hoffman, Keiko Seiko, Takashi Miike, Lubomir Bukovy, Jana Havlickova

 
 
Hostel (2005)
 
Estados Unidos
 
97 min.
Eli Roth
 


 

En un lejano pueblo de un lejano país en territorio europeo, tres estadounidenses que muy alegremente turisteaban por ahí, mochila al hombro, son víctimas de secuestros para ser despiadadamente torturados y asesinados frente a nuestros ojos, por un grupo de chicas súper sensuales que sirven de anzuelo para llevarles la carnada a hombres ultrasádicos que van desde doctores con batas, lentes y cubrebocas hasta carniceros que tienen más sangre encima de ellos que dentro de sus enormes cuerpos deformes... o deformados.

La premisa está muy de acuerdo a lo que hoy millones de personas quieren ver: mucho sexo, mucha violencia, mucha sangre. Hostal me recuerda a Masacre en Texas. Hace 30 años, la buena Masacre mostró toda la violencia de la que el cine era capaz hasta entonces; hoy viene Hostal a tomar la estafeta, todavía con la delicadeza de apartar la cámara justo cuando las pinzas van a cortar el dedo medio del pie, o ubicándose oportunamente detrás del carnicero cuando está cortando en pedazos algunas extremidades o cortando (ahora me refiero a la cámara, cuidado!) hacia los rostros salpicados de sangre para evitar enfocar cuando una chica se avienta a las vías del tren sólo por que acaba de ver con su ojo que ya no tiene el otro.

Este tipo de películas, le sigue aportando algo al cine en cuanto a edición, efectos, iluminación... pero el enorme y grave problema que le veo a que películas como ésta estén al alcance de tanta y tanta gente, es que nunca faltará alguien que se la crea y que a falta de algo mucho mejor, aplique lo que ve en la ficción a la vida real. De ahí que cuando ocurren crímenes así, muchos le echan la culpa al cine. De alguna manera, las clasificaciones de las películas impiden que un buen número de gente impresionable pueda tener acceso a ellas, pero eso es algo que la piratería también echa a perder.

Hostal está disfrazada y maquillada con accesorios prestados de Quentin Tarantino (quien aparece como productor), pero el disfraz le queda un poco grande, y aunque el maquillaje se ve bien, resulta excesivo.

Por supuesto, el director Eli Roth no olvida darle las gracias a Tarantino, cuando muestra descaradamente en el hostal a un grupo de huéspedes que están viendo el rostro iracundo de Samuel L. Jackson en Tiempos Violentos... Pocos minutos después, uno de los protagonistas (Josh, el más entendido de los tres estadounidenses) se queja de cómo los extranjeros pretenden que los demás entiendan sus películas si no están subtituladas.

Esto hace pensar que para los autores de Hostal, el lenguaje de Tarantino es universalmente entendible, mientras que al mismo tiempo se hace el retrato de una nueva violencia, apartada de todo a lo que estamos acostumbrados. No por nada, las víctimas que vemos torturadas son estadounidenses y orientales.

Y es que Hostal pinta Europa como una zona en la que todos los excesos están permitidos: en la primera parte de la película —la primera escena se ubica en Amsterdam—, hay tantas drogas y sexo que tienen el poder de sorprender y entusiasmar a estadounidenses, que felizmente se pasean por Francia y que buscan ir a España como si fuera la tierra prometida.

Curiosamente, al único de los tres amigos al que parecen interesarle más los museos que las orgías que ahí se arman, es al primero al que atrapan y al que personalmente se encarga de taladrar el líder de esta compañía de maniáticos, frustrados cirujanos, armados con bisturís, pinzas, martillos, tijeras, hachas, sierras, cadenas, esposas y hasta pistolas para atender a sus pacientes, aunque exista la pequeña incomodidad de que en lugar de tenerlos camillas, los sienten en sillas atornilladas al piso. Una vez que las sesiones de torturas empiezan, los gritos no se hacen esperar en este horroroso lugar de típica fachada de edificio europeo abandonado... ni en el cine tampoco.

 
 
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