Lung fu moon (2006)
Hong Kong
95 min.
Wilson Yip
 
 
 
Edmond Wong, basado en el cómic de Wong Yuk-long
Ko Chiu-lam
Kenji Kawai
Nicholas Tse, Donnie Yen, Shawn Yue, Dong Jie, Li Xiao-ran, Yuen Wah

 
 

Noticias de China reportan que El imperio del dragón (Lung fu moon) se estrenó en ese país en julio del año pasado con el éxito propio de un fenómeno cinematográfico; tanto que ya se está filmando la segunda parte. La cinta llega a las salas de México con una presencia muy discreta; pocos saben que existe y quizá sólo algunos irán a verla. Es la adaptación de una historieta manga que lleva sesenta años ininterrumpidos de publicarse, un caso insólito. Toda proporción guardada, más del doble de tiempo que El Libro Vaquero —29 años apenas— en el mercado mexicano.

En esencia se trata de una película de acción con artes marciales, por lo que no hay que buscarle las profundidades a sus personajes, ni preocuparse por las complicaciones en la trama. No se parece a Héroe, ni a El tigre y el dragón; no se propone estilizar los combates con la armoniosa belleza que aquellas hicieron gala, ni contar historias del pasado remoto, sino poner en pantalla un relato entretenido para gente muy joven con todas las referencias posibles del género anime.

La síntesis inicial de un minuto pone al tanto al espectador de lo que ocurre: dos hermanos, Dragón (Donnie Yen) y Tigre (Nicholas Tse), se separan en la infancia. Ambos han crecido y ya rondan los veintitantos años. Dragón creció en un ambiente de malandrines, al parecer traficantes de drogas. Tigre es el chico bueno, discípulo de una sociedad justiciera de muchachos huérfanos entrenados en artes marciales. El destino se encarga de reunirlos.

En una tranquila comida de restaurante, Tigre defiende a una familia de la serie de vejaciones que le profiere un grupo de pandilleros de la mafia. Tras defenderlos, Tigre obtiene una placa de oro que simboliza una suerte de pacto entre la mafia y Shibumi, un extraño villano enmascarado más poderoso que el demonio. Esto ocasiona una espectacular pelea donde los combatientes usan las mesas como frisbees y los pedazos de pared como escudos. Es ahí donde Tigre y Dragón se encuentran y se reconocen después de muchos años.

Los protagonistas, actores jóvenes, atléticos y ágiles en la pelea, son también bien parecidos, cualquiera diría que son estrellas de pop con sus mechones de pelo caídos a media cara. Uno entiende que así son los héroes orientales, lástima que a las heroínas no se les haya tratado con la misma atención. Ni un poquito de piel.

La cinta es una mezcla dinámica de dibujo animado, animaciones digitales, filosofía budista, regresiones melodramáticas, intriga gangsteril, algo de romance, música rock y mitología china. El kung fu espectacular es lo más notorio no tanto por las coreografías, algunas muy confusas, sino por sus efectos especiales: uno de los héroes puede crear una campana de energía a su alrededor con el agitar de sus chacos, otro vuela y arroja bolas de fuego.

El imperio del dragón traslada algunas fantasías de Los caballeros del Zodiaco (serie anime en la que los guerreros mezclan magia y puñetazos que atraviesan pilares de concreto) al Hong Kong de este siglo, con sus teléfonos celulares, pagodas, rascacielos y juventudes urbanas.