No hace falta más que ver Pearl Harbor (2001), Armageddon (1998) o Bad boys (1995) para saber lo que puede esperarse del trabajo de Michael Bay como director: un gasto millonario en el diseño de producción que, sin embargo, no logra sepultar la ausencia de guión.
Lincoln Eco-Seis (Ewan McGregor) y Jordan Delta-Dos (Scarlett Johansson) viven en un mundo postapocalíptico que ha sido reducido a la ruina. Ellos, como cientos más, se encuentran en una especie de cápsula aislada en la que todos se comportan como autómatas, carecen de capacidad de juicio, además de que están sometidos a reglas rígidas que les impiden cuestionar cualquier cosa; lo único que los mueve, es la esperanza de ir a la “La Isla”, el último lugar incontaminado en el planeta.
Por circunstancias fortuitas —ni tan fortuitas en realidad— los protagonistas descubren que todo es una mentira, pues sólo son clones cuya utilidad es proveer a los humanos de órganos para trasplantes.
Lo que viene si bien es lo mejor de la película, también es fastidiosamente previsible: una persecución de una hora o más, enmarcada por explosiones, autos que se hacen pedazos mientras corren a altas velocidades y saltos sin asistencia alguna desde alturas inimaginables. Todo, con los excesos propios del género.
Esa, desgraciadamente, es la única parte que le sale bien a Bay en sus cintas: la logradísima estela de destrucción que van dejando héroes y villanos sin que la cámara vuelva ni un momento a ver a los —seguramente— miles de muertos que van quedando en pos de las nobles causas que siempre tienen los protagonistas.
El problema vuelve a ser que el director asume su mundo futurista con una ingenuidad que puede perdonarse en Volver al futuro —que al fin de cuentas es una comedia de aventuras—, pero que aquí funciona en demérito de la historia. Así, vemos transportes que viajan en rieles a 30 metros sobre el nivel del piso, urinarios que miden los niveles de sodio, y motocicletas que vuelan según convenga a la historia.
Y es que en lugar de obligar a sus personajes a adaptarse a un mundo tecnologizado y hostil, el realizador se saca de la manga juguetitos que curiosamente su héroe, Lincoln Eco-Seis, sabe operar, además de que se le aparecen justo en el momento en que más los necesita.
No hace falta decir que Scarlett Johansson luce preciosa durante toda la película o que el final se adivina desde la mitad de la misma; no obstante, a diferencia de Pearl Harbor o Armageddon, La isla se deja ver si uno no tiene más pretensiones que matar un par de horas. |