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El 2006 fue el año definitivo de la consagración de Místico, la nueva figura de la mejor lucha libre del mundo. Hacía por lo menos veinte años que este deporte no conocía a un atleta tan dotado y carismático a la vez. Después de la muerte de El Solitario, hace veinte años, y de la factura que el tiempo le pasó en forma de kilos a estrellas como Atlantis, Rayo de Jalisco Jr. y Octagón, el deporte de las llaves y contrallaves tuvo, en el mejor de los casos, ídolos hechos para los niños.
Místico es un luchador mexicano excepcional si se le observa en el escenario de un espectáculo que está repleto de bufones. A dos años de su debut, su llegada a las calcomanías, a los estampados de las playeras, a las conversaciones de los que nunca han asistido a la Arena México y ahora a los DVD's es un fenómeno entre ricos y pobres.
En el aniversario 73 del deporte espectáculo en México, Místico enfrentó en un duelo máscara contra máscara a uno de sus rivales más conocidos, el veterano Black Warrior. Doce cámaras emplazadas por Televisa en la Arena México y más de 17 mil 600 cabezas, según ellos, atestiguaron este encuentro superlativo, como lo calificó entonces el cronista Alfonso Morales. La lucha estelar del moderno apóstol de la lucha libre sólo se transmitió por televisión de paga.
Como producto exclusivo de la piratería, el enfrentamiento entre el afamado príncipe de plata y oro y su contrincante, Black Warrior, estuvo disponible en forma de DVD a los pocos días de haberse registrado, en diversos puestos ambulantes del Eje Central de la Ciudad de México.
La grabación incluye una presentación especial de Alfonso Morales y un llamado especial a todas las abuelitas para que no se levanten de sus asientos a riesgo de perderse una sesión para la historia. El DVD es una grabación continua, es decir, sin pistas, de siete enfrentamientos por demás entretenidos, no sólo por la teatralidad de los luchadores, sino por la grandilocuencia lúdico-poética de los narradores luchísticos.
A lo largo de dos horas, se disfruta del ambiente en el “templo mayor” de la lucha libre, del bosque de piernas que prometen las veinte edecanes en mini shorts, de los cultismos oratorios de Leobardo Magadán y Miguel Linares, además de la dilatada experiencia sobre el enlonado de Blue Panther, Dr. Wagner Jr., Negro Casas y Lady Apache.
Vale la pena esperar para ver la lucha final, el encuentro esperado por propios y extraños, por escribas y fariseos, por apocalípticos e integrados. El combate por el futuro de su carrera entre Místico y Black Warrior. El despliegue de todas las cámaras, algunas de ellas emplazadas en los pasillos del inmueble, captan toda acrobacia del seminarista de los ojos blancos que, nunca mejor dicho, sufre su calvario con una máscara rota y el rostro lleno de sangre.
No es una película y sin embargo lo parece al conjuntar las emociones épicas, abreviadas en los gritos de la gente que corea a toda fuerza “¡Mís-ti-co! ¡Mís-ti-co!”; el suspenso colectivo ante una llave cavernaria que el villano de la historia le aplica al héroe; el drama al observar el agotamiento físico y el dolor de los contrincantes después de un tope suicida; la acción que da paso al azoro tras un repertorio de acrobacias en el aire.
Estamos en deuda con la piratería al preservar en DVD la épica de un hombre que al final de su combate sale en hombros del público y con cantos gregorianos como fondo musical. Cuesta 15 pesos entre los ambulantes del Eje Central y mercados cercanos. |