Mosquita muerta (2007)
México
97 min.
Joaquín Bissner
 
 
 
Joaquín Bissner
Santiago Barreiro
Chacho Gaytán, Norma Magaña
Bruno Bichir, Odiseo Bichir, Denisse Gutiérrez, Rocío Verdejo, Marta Aura, Rafael Inclán, Francesca Guillén, Verónica Segura, Vanessa Oyarzun

 
 

Mientras veía Mosquita muerta, la más reciente cinta del mexicano Joaquín Bissner, intentaba recordar el título de una película de los noventa, una comedia de enredos en la que dos hombres, bajo un mismo techo, usurpaban la identidad de un luchador enmascarado para seducir a la esposa del otro; pobrísima, mal actuada, apenas digna de una muerte por deterioro en un viejo casete VHS.

Tras una breve consulta en IMDB es posible precisar que la producción era en realidad una película llamada Santo enredo, escrita y dirigida hace 12 años por —sorpresa, al menos para mí— el mismo Joaquín Bissner. Acabáramos.

Quizás por prudencia, el grueso de la crítica ha preferido mantenerse al margen del estreno de Mosquita muerta y no dedicarle mayores comentarios ni al director ni a un trabajo que rebosa de un humor pueril y ramplón, y que además le falta el respeto a la inteligencia del público en otro sentido.

No niego, como dice Bissner, que su guión haya sido escrito antes. No obstante, me es imposible ver en su cinta más que una copia de El otro lado de la cama (Emilio Martínez-Lázaro), cinta española producida en 2002, estelarizada por Paz Vega, que combinaba una historia de infidelidad entre dos parejas de amigos, con números musicales y coreografías montadas a propósito de la misma trama.

Sin embargo, esto de “tomar prestado” de una idea desarrollada antes, sin siquiera mejorarla, apenas pondría en evidencia la falta de originalidad de nuestros creadores. Es la realización y el guión de tan escasos horizontes lo que explica por qué a algunas películas mexicanas les va como les va.

Intentando abreviar personajes, subtramas y diálogos inútiles diría que la trama es la siguiente: Marcelo Donizetti (Bruno Bichir) es un director de cine, casado con una joven maestra de bachillerato, llamada Sofía (Denisse Gutiérrez), quien en un gesto de amistad con su cuñada, una adolescente con dudas sobre el sexo, decide comprarle una caja de condones, de los cuales se queda con la mayoría.

Accidentalmente, mientras busca monedas para pagar una propina a un repartidor, Marcelo descubre los preservativos en el bolso de su esposa, lo que lo lleva a suponer que ésta le es infiel, así que se guarda uno como prueba. En contraparte, mientras revisa la ropa y vacía las bolsas del pantalón de su marido, Sofía encuentra el condón en la cartera de él y comienza a hacer las mismas conjeturas. A partir de ese momento, ambos comienzan a mirarse con recelo, a espiarse el uno al otro y a alimentar sus respectivas sospechas.

Con excepción de Denisse Gutiérrez —quien parece tomarse en serio su primer papel como actriz— el resto de los personajes son una caricatura grotesca, excedidos hasta la ridiculez, sin el menor rasgo de naturalidad y metidos en situaciones que merecerían ser rematadas con risas grabadas.

La música no podría ser peor ni tocada con un pianosaurio; sin contar los números musicales en que los actores hacen el esfuerzo por cantar y bailar, las piezas son apenas adecuadas para una serie de dibujos animados o un programa de concursos, no para un largometraje.

A la película le sobran 60 minutos; llega un momento en que es evidente que al director se le agotaron las ideas, pero le sobra algo de presupuesto, así que se inventa una irrelevante persecución en auto por calles de la ciudad, punto en el que comienza un festival de torpezas en el que todos huyen de todos.

Decir que el final es sospechosamente parecido al de El otro lado de la cama, es lo de menos. Mosquita muerta no es entretenida ni sorprende en ninguno de los terrenos en que podría juzgársele. Por el contrario, habría que recriminarle que teniendo un cuadro capaz de actores haya logrado tan poco.