Fernando de Fuentes, María Luisa Algarra, Juan Bustillo Oro, basados en el libro “La vida inútil de Pito Pérez”, de José Rubén Romero
Enrique Wallace
Luis Hernández Bretón
Germán Valdés, Anabel Gutiérrez, Andrés Soler, Consuelo Guerrero
de Luna, Eduardo Alcaraz, Marcelo Chávez, Óscar Ortiz de Pinedo,
Lupe Inclán, José Jasso, Conchita Gentil Arcos

 
 
 
Las aventuras de Pito Pérez (1956)
 
México
 
97 min.
Juan Bustillo Oro
 

 

Las aventuras de Pito Pérez comienza con el regreso de su personaje a Santa Clara del Cobre, donde descubre que su madre ha muerto y sus hermanos se han ido, dejando abandonada su vieja casa. Antes de irse de nuevo, ajado y sucio, Pito sube al campanario de la iglesia y acompañado de una botella de aguardiente de Puruarán, decide relatar a un escritor interpretado por Andrés Soler lo que ha sido su vida en esos años de ausencia.

Contada en un tono sencillo, hilada por el relato agridulce de su protagonista y recurriendo apenas a algunos de los episodios de la primera parte de la novela, esta segunda adaptación de La vida inútil de Pito Pérez es el relato de un ahogado que mira la tristeza de lo que fue su vida. Pero pasa que a veces el humor es la mejor manera de abordar las tragedias.

Así, sus decepciones, su paso por hospitales y cárceles se cruzan con otras historias que lo muestran disfrazado de fraile, mientras pide dinero a la gente en la calle “para la salvación de los chinos” o tocando un cilindro dentro de una iglesia a falta de música sacra.

Los méritos de la película corresponden a muchas personas. Lo primero y más importante es la brillante adaptación de Fernando de Fuentes, a quien difícilmente podrían corregírsele omisiones en el guión final. Apretar el relato hasta hacerlo un eficiente libro cinematográfico y conectar las anécdotas del personaje no era un trabajo nada fácil.

Si bien se rodaron varias escenas en exteriores a las que más tarde se añadieron algunas estampas de paisajes de Michoacán, el grueso de la película fue concebido dentro de los foros. La imposibilidad de extender demasiado el relato fue resuelta por el guionista y el director, Juan Bustillo Oro, llevando a Pito Pérez del pasado al presente en sus conversaciones con los parroquianos o con el escritor interpretado por Soler.

Bustillo Oro y Tin Tan sabían que Pito era más que un loco o un borracho. Por eso lo otorgaron dignidad para hablar de sí mismo (“si yo tomo es porque soy amigo de la verdad y me gusta embriagarme para decirla”) y agudeza para ver a los demás.

Del reparto pueden enumerarse cualidades casi actor por actor. No obstante, la justicia más elemental obliga a hablar del trabajo de Tin Tan, en uno de sus mejores papeles. El estupendo comediante, en cuya faceta descansa buena parte de la película, es el mismo actor que aparece durante largos segmentos envejecido y estragado por el alcohol; su actitud y sus palabras tienen una inusual convicción (“eso de platicar del pasado es como resucitar un muerto, y para hablar yo con los muertos necesito estar borracho”) y una melancolía que va más allá de lo declarativo.

Hacer a Pito Pérez cuando aún seguía muy presente el recuerdo de la interpretación de Manuel Medel era un riesgo. Germán Valdés aceptó el reto, se vistió de andrajos, se puso un viejo sombrero de carrete e hizo una de sus mejores interpretaciones, aun cuando su época más brillante había pasado.

Años después vendrían Roberto Gavaldón e Ignacio López Tarso con una tercera adaptación del libro que nunca alcanzó la áspera lucidez ni la risa franca que el gran Germán si logró.

Para no olvidar.

 
 
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