Wreck-it Ralph (2012)
Rich Moore
Phil Johnston, Jennifer Lee; basado en un argumento de Rich Moore, Phil Johnston y Jim Reardon
Henry Jackman
Estados Unidos
101 mins.


 
 
 

Ralph es el villano de un videojuego clásico de 8 bits, que atraviesa por una crisis existencial que lo ha llevado a un grupo de autoayuda. En él, varios célebres personajes del universo virtual intentan lidiar con su rol de malvados mientras pronuncian su oración de serenidad: "Soy malo y eso es bueno, yo jamás seré bueno y eso no es malo. No hay nadie que quiera ser mas que yo".

Cansado de no recibir una sola alegría de su trabajo, Ralph necesita sentir por una vez lo que significa ganar, así que decide ir a otros juegos en busca del respeto que los personajes del suyo no le prodigan. Sin embargo, las reglas del Arcade no admiten salirse del guión, tener pensamiento autónomo, intentar cambiar el mundo. Uno es lo que es y debe resignarse, si así lo marcan las reglas, pues ello garantiza el orden.

El mensaje, que inicialmente parece conservador, pues se centra en señalar el lugar que cada uno ocupa en el mundo, evoluciona hasta convertirse en una idea mucho más valiosa sobre la autoaceptación y la agotadora lucha por posición y notoriedad en la que muchos la han convertido. Es decir, lo que haces y los reconocimientos que consigues no determinan quién eres en realidad; más aún, la importancia de alguien se mide por los vacíos que deja cuando no está.

La lección para todos llega no sin habernos mostrado antes a personajes familiares de varias épocas y habernos metido en el sombrío y hostil entorno de los videojuegos bélicos de última generación. De hecho, los realizadores crean uno llamado Hero's Duty, donde además de la acción vertiginosa, existe un guión complejo y trágico sobre tropas que combaten en un mundo postapocalíptico. Así, Ralph el demoledor consigue algo no muy usual: establecer una suerte de vasos comunicantes entre las distintas generaciones que conforman su público, de la misma manera en que Shrek lo hizo con los cuentos de hadas.

La cinta muestra sus valores de producción particularmente en su segunda mitad, cuando la historia que alude a las consolas de hace 30 años y el arcaísmo de sus gráficos se traslada a Sugar Rush, un videojuego de alta definición y una paleta de colores encendida que se desarrolla en un mundo hecho de cupcakes, dulces, galletas, chocolate líquido y algodón de azúcar, cuyo gusto se instala en el subconsciente. Es en ese mundo donde la pequeña Vanellope von Schweetz, otra inadaptada y otra marginal, completa el cuadro de una historia dulce que constituye un afortunado rescate de la nostalgia.

 
 
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