Rocky Balboa (2006)
Estados Unidos
102 min.
Sylvester Stallone
 
Sylvester Stallone
Clark Mathis
Bill Conti
Sylvester Stallone, Burt Young, Pedro Lovell, Geraldine Hughes, Milo Ventimiglia, Antonio Tarver, James Francis Kelly III, Joe Cortez, Mike Tyson

 

Otro de los reseñistas de elperrocafe.com a quien en adelante llamaré Señor J para no avergonzarlo, me aconseja ver Rocky Balboa, cinta que a decir suyo es la mejor que se ha hecho sobre este boxeador de ficción, ya que conserva el carácter inspiracional de la primera película y se nota —me dice muy emocionado— que Sylvester Stallone quiere mucho al personaje. Ese y otros comentarios me despiertan una expectación casi morbosa, así que la veo.

Lo que me encuentro es una película que hilvana con nostalgia senil los highlights de sus cinco predecesoras. No se qué emotivas glorias deparen a los héroes en su jubilación, pero supongo que deben ser mejores que lo que Stallone hizo con su Rocky, a quien veladamente coloca un mandil y un cuchillo cebollero en la mano, además de cargarlo de melancolías por su antigua carrera pugilística, su hijo y su alucinante esposa.

Emotiva quizá para personas en edad de osteoporosis, Rocky Balboa tendrá, eso sí, un público ganado en todos los incondicionales del Semental Italiano, quienes lo verán boxear muy poco, pero a cambio lo conocerán más profundamente, como dice el Señor J en su texto.

Stallone nos obliga a reencontrarnos con los viejos lugares y amigos del boxeador y a mirar, con el mismo entusiasmo que supone la rutina de un restaurante, cómo Rocky escoge las espinacas en el mercado para preparar sus ravioles o cómo vaga sin quehacer por el vecindario.

A media película me imagino también a Rambo trabajando como un manso criador de cabras en Afganistán, pero supongo que para Stallone, Rocky Balboa funciona en más de un sentido y proyecta en él sus anhelos de retiro, no estoy seguro.

No repararé en la sinopsis de la que el Señor J ya ha dicho demasiado, pero sí quiero decir que el “pretexto perfecto” para llevar a Rocky de nuevo al ring es de una ingenuidad mayúscula afectada por los artificios del Play Station y el Pago Por Evento. Que un simulación de videojuego sirva como motivación a un boxeador para subirse de nuevo al ring me parece fabuloso. ¡Que alguien le regale a Pelé el FIFA Soccer 07!

En el último tercio de la película no está de más un repaso las rutinas de entrenamiento que incluyen golpear reses abiertas en canal y subir corriendo las escaleras del museo de arte antes de la pelea. Es necesario para desentumir al público y descansar los ojos de tantos subtítulos.

Al final, hay más televisión que cine en Rocky Balboa, pero de esa televisión que ama las telenovelas, que es tan sentimental y rosa que incluso le niega al héroe otoñal un poco de sexo como recompensa. Véala si ya pasó por las cinco películas anteriores.