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El 11 de septiembre de 2001 a las 8:45 de la mañana, hora de Nueva York, yo recorría en un vagón del metro el tramo entre la estación El Rosario y Barranca del Muerto. Como todos los que estábamos ahí, me perdí la transmisión en vivo por televisión de la colisión histórica de dos aviones contra las Torres Gemelas del World Trade Center. De lo que había pasado me enteré hasta una hora después. Fue la televisión primero y el cine después, los que hicieron más interesante la experiencia.
Esto me viene a la cabeza ahora que veo la película 11'09''01 September 11, producción compuesta por 11 cortometrajes dirigidos por igual número de directores de distintos países. Según la información de la cinta, cada uno filmó bajo la inspiración de un hecho común. El resultado resulta bastante irregular, si se considera que algunos de estos cineastas rodaron historias, otros reflexiones, y otros sermones.
Imagino a cada director pensando en su propio corto una vez que recibió la invitación a participar en este proyecto colectivo. Cómo hacer de la reflexión personal un cortometraje creativo, interesante, que no sea aburrido y pueda ser entendido por alguien más que uno mismo.
De ahí parte la disparidad entre un corto y otro, toda vez que no todos escribieron su propio guión; algunos tuvieron más producción que otros, otros centraron su atención en las torres y otros tomaron el evento como algo tangencial a la historia que deseaban contar.
Es bueno que de los 11, sólo tres cortos hayan hecho referencia a Dios, sobre todo cuando el evento central tuvo orígenes religiosos. La iraní Samira Makhmalbaf, el mexicano Alejandro González Iñárritu y Mira Nair, de la India, no resistieron la tentación de involucrar al Señor y preguntar o explicar por qué permite que pasen estas cosas.
Los 11 tienen su mérito y cada cual gustará a unos y decepcionará a otros; es cuestión de sensibilidad y de empatía con lo que se mira en cada episodio. Sin embargo, hay tres cortometrajes de ficción que resumen los momentos estelares de la película.
En orden de aparición, el primero corresponde al director francés Claude Lelouch, quien a partir de un romance entre una sordomuda y un guía de turistas para deficientes auditivos, hace un relato corto sobre la inseguridad, la tristeza, los celos y la reconciliación de una pareja. Mientras las torres se derrumban por televisión, ella escribe una carta de despedida para el novio con quien ha vivido durante un año. El dramatismo está al mismo tiempo en su inminente separación y en la tragedia del WTC.
El cortometraje de Idrissa Ouedraogo se ubica en Burkina Fasso. Adama, un niño que tiene a su mamá enferma, tiene que dejar la escuela para ganar dinero y así sacarla de su enfermedad. Un día se topa en la calle con un hombre muy parecido a Osama bin Laden y en compañía de sus amigos, armados con lanzas, una soga y una pistola de juguete, decide emprender su captura para cobrar la recompensa que ofrece el gobierno de Estados Unidos. Es una fábula sobre la solidaridad y la visión del mundo de un grupo de niños africanos con final feliz.
Sean Penn es quien ofrece el trabajo más artístico e ingenioso. Es la historia de un anciano un poco trastornado que pasa su vida monologando en su oscura habitación. Vemos sus actividades cotidianas y sus conversaciones con una esposa que ya no existe. El día de la tragedia, su cuarto se llena de luz y ocurre un pequeño milagro. La fotografía de Samuel Bayer hace crecer mucho esta historia sencilla.
Hay además un gran trabajo de Ken Loach, director inglés, que trata sobre un hombre chileno exiliado en Londres y que toma como pretexto los acontecimientos en Nueva York para recordar el 11 de septiembre de 1973 en Chile. El golpe de Estado al presidente Salvador Allende, las posteriores torturas y el asesinato de 30 mil personas en ese país, aparecen como un pequeño documental de este hecho vergonzoso de la historia de América.
El valor de la película no está tanto en sus historias como en la forma de observar un hecho trágico desde distintas culturas locales. Para los niños afganos en el corto de Samia Makhmalbaf, es más importante la muerte de un hombre que murió al cavar un pozo de agua, que el derrumbe de dos edificios financieros en otro continente. Para la comunidad paquistaní, en la historia de Mira Nair, son más terribles las consecuencias de discriminación y persecución a la comunidad árabe, que los atentados por sí mismos. |