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Septiembre negro es una de esas películas que en algún momento parecen tener elementos interesantísimos para volverse un fenómeno trascendente, pero que el guión echa a perder en lo absoluto.
Copiando la fórmula de El proyecto de la Bruja de Blair —en este caso no puede hablarse más que de una copia—, su realizador, Christian Johnston, elabora un falso documental a partir de ocho cintas supuestamente encontradas en el interior de una cueva, muy cerca de la frontera de Afganistán y Pakistán, propiedad de Don Larson un periodista estadunidense, que se propone seguir la pista de Osama bin Laden y mostrar lo que no se estaba poniendo al aire en ningún noticiario del mundo.
Rodada en Afganistán, la cinta tiene el mérito de contar con secuencias verdaderamente convincentes e impactantes de los combates entre aliancistas y talibanes por el control de la región, aun cuando el equipo de filmación contaba con apenas cinco miembros.
Desgraciadamente, el espectador común no tiene por qué conocer estas circunstancias y sólo puede juzgar a través de lo que se muestra en pantalla.
Si las balas y los proyectiles de mortero que pasan frente a la cámara no son reales, al menos lo parecen. No son pocos los momentos del filme en que a uno lo sobrecogen las escenas y su realismo; la noche iluminada apenas por la metralla hace que a uno se le erice la piel, sobre todo porque las tomas se hacen cámara al hombro, acentuando su carácter documental.
No obstante —aquí va lo más importante—, el guión y la actuación de George Calil destacan, por sobre todas las cosas, por su su falta de solidez. Por una parte, el personaje de Larson no logra verse natural a la hora de filmar su propia versión de la guerra y durante toda la cinta asume una actitud de cristo antes de crucificar, sin convencerlo realmente a uno de que es un hombre atormentado, como aparenta.
Todo lo que la película gana durante las secuencias en que sólo parece como observador objetivo, se va al caño cuando el protagonista toma un rifle semiautomático y se convierte en una suerte de vengador anónimo que balea talibanes en pleno Kabul, o cuando discute con un grupo de afganos, apoyado en un discurso moralista e ignorante sobre las razones de Al-Qaeda para atacar a Occidente.
El denominativo de falso documental le queda grande a Septiembre negro. Difícilmente alguien podrá creer que las secuencias de action man de George Calil son sacadas de la realidad, porque además, para ser sinceros, a ratos se parece mucho a La bruja de Blair. |