Cary Joji Fukunaga
Adriano Goldman
Marcelo Zarvos
Paulina Gaitán, Édgar Flores, Kristyan Ferrer, Tenoch Huerta Mejía, Diana García, Luis Fernando Peña, Gabino Rodríguez, Gerardo Taracena, Héctor Jiménez, Guillermo Villegas
 
 
Sin nombre (2009)
 
México, Estados Unidos
 
96 min.
Cary Joji Fukunaga
 

 

Aun cuando Sin nombre, ópera prima del estadounidense Cary Fukunaga, se desarrolla por completo en los límites de la ficción, su retrato de la juventud marginada de Centroamérica, la jerga delincuencial y los códigos de lealtad entre los integrantes de la Mara Salvatrucha se siente creíble, bien construido y, sobre todo, sin pretensiones de erigirse en denuncia social.

Su historia integra dos relatos: El de Sayra (Paulina Gaitán), una chica hondureña que intenta llegar a Estados Unidos, cruzando como ilegal el territorio mexicano, a bordo del ferrocarril, y el de Casper (Édgar Flores), un marero de Tapachula que tiene que huir de su barriada tras asesinar al líder de la pandilla local (Tenoch Huerta) y quedar con ello sentenciado a morir también.

Fukunaga logra una primera hora notable en su ritmo, los escenarios opresivos (no sórdidos) que va construyendo y aun en el argot a veces ininteligible de la Mara, conformada por personajes sin sofisticación, animalmente territoriales, que sólo saben de venganzas y que entienden las heridas abiertas por sus hermanos de pandilla como inequívoco signo de pertenencia.

Inyectadas de vida por una cámara estupendamente manejada sobre el lomo de un tren, las secuencias que se ocupan del trayecto de los migrantes centroamericanos toman también otro ritmo. Los periodos de larga espera a la orilla de las vías, los desplazamientos que ocupan días y que en otras manos podrían haberse traducido en segmentos cansinos, se convierten en pretexto para dejar un momento la mirada en la fotografía de Adriano Goldman, ver pequeños momentos de realidad en los que los viajeros reciben lo mismo naranjas para aplacar la sed que piedras como si fuesen animales, y pasar de nuevo a la urgencia de librar los controles fronterizos y los encontronazos con los salteadores.

Más allá del convencionalismo que acompaña buena parte de la película y la relación que termina estableciéndose entre los protagonistas una vez que sus circunstancias se cruzan, Sin nombre puede presumir personajes que actúan de manera autónoma, sin apegos que se vuelven el único movil del viaje a la frontera norte. A diferencia de las visiones edulcoradas de la migración que usan la inocencia de los niños como eje, Cary Fukunaga lleva su trabajo al otro extremo y pone en pantalla al Smiley (Kristyan Ferrer), un niño mara cuya iniciación consiste en encabezar la cacería de su amigo Casper.

Pese al sacrificio que previsiblemente tendrá que hacer uno de los viajeros, nadie resulta visiblemente transformado ni con un mayor conocimiento de sí mismo de esta road movie. No hay reencuentros ni lágrimas ni abrazos como epílogo; queda, por el contrario, un drama digno y un buen sabor de boca.

 
 
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