“Soy Al Gore... Yo solía ser el próximo presidente de Estados Unidos”. Parece mentira que una frase opere un cambio tan significativo en la percepción que el público tiene sobre sus representantes y sus políticos. Expresadas por el ex vicepresidente y ex candidato presidencial durante los primeros minutos de La verdad incómoda, las palabras de Gore son en realidad la puerta de entrada a uno de los trabajos fílmicos de mayor dignidad de este último año.
Informado, elocuente, simpático, inusualmente culto para estar en la política, el ex vicepresidente de EU ha llevado al cine, con la ayuda del director Davis Guggenheim, una suerte de conferencia-documental de más de hora y media, con una original mezcla de humor, dibujos animados y pruebas científicas sobre los efectos del calentamiento global en el planeta.
Esto es justamente lo que ha venido haciendo Al Gore desde que el fraude electoral en Florida le arrebató el triunfo que en 2000 lo llevaría a la Presidencia de su país: un espectáculo multimedia sumamente convincente que mostraría la dramática rapidez con que los glaciares y los polos se han derretido en los últimos años, la velocidad con que la temperatura global ha aumentado y los efectos colaterales de esto, expresados en tragedias como la devastación dejada por el paso del huracán Katrina por Nueva Orleáns.
No se trata sólo del impacto de las imágenes y la acumulación de datos. Gore emplea un segmento animado, elaborado por los productores de Futurama en el que la comprensión del problema se vuelve más accesible. A esto se añade la voz interior del documental, fragmentos en los que el ex candidato demócrata explica los momentos que lo marcaron internamente y lo llevaron a defender la causa medioambiental: un accidente de coche que casi le cuesta la vida a su hijo, la muerte de su hermana por cáncer y su derrota en las elecciones del año 2000 contra George W. Bush.
Pero lo verdaderamente valioso de La verdad incómoda es su énfasis en el hecho de que todos somos responsables de la problemática, pero al mismo tiempo todos podemos hacer cambios en cosas pequeñas como nuestras decisiones de compra. Hacer cambios en este sentido constituye una decisión moral; el difícil trabajo de persuadir a la gente a llevarlo a cabo no puede darse sin emotividad y en ello colabora el brillante discurso de Al Gore y la música de Michael Brook.
Si esta cinta termina dando el impulso para lanzar una nueva candidatura presidencial de Al Gore, eso es otro boleto y bienvenida sea. Tal como en su momento la serie Cosmos de Carl Sagan se convirtió en un hito de la divulgación científica, detrás de La verdad incómoda hay una genuina esperanza de cambiar el rumbo el mundo a partir de la información. Se trata de mensaje directo a la sensibilidad del público, con una fuerte crítica política, pero sin revanchismos.
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