Baja Resolución
Alta resolución
¿Vivirá mi perro? Rottweiler vs. American Stafford
México
90 minutos aprox.
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Combinar la marginación y el ocio puede dar resultados perturbadores. Uno de ellos es la aparición de producciones caseras a la venta en VCD como ¿Vivirá mi perro? Rottweiler vs. American Stafford. Se trata de una serie de dieciséis peleas de perros, filmadas en video en las que no aparece un solo Rottweiler, pero sí muchos bull terriers, american stafford y pit bulls en brutales escenas de sangre.

No hay créditos de entrada y no sabemos nunca el nombre de los animales, salvo el de uno, porque el audio es pésimo y las voces apenas se entienden, aunque usted le suba todo el volumen a la televisión. Describir las peleas es un tanto mórbido, pero hay detalles que ilustran este mundo de aficiones clandestinas.

De súbito, un bull terrier ingles blanco y un pit bull café aparecen en la pantalla en lo que parece ser el patio de una casa. Dos sujetos los sujetan y azuzan antes de soltarlos para que contiendan. “¡Cómetelo Iván!”, grita una voz al perro blanco, mientras otras voces se atropellan en el encuentro de los dos animales feroces que se prensan soltando mordidas violentas. A los pocos minutos el ímpetu del público, al que sólo vemos de la cintura para abajo, decae porque los perros, cansados y con heridas en la cara, piden retirarse.

La segunda pelea ocurre en un baldío. Uno de los perros está más preocupado por satisfacer su libido que por pelear; su rival parece desconcertado y no lo toma en serio hasta que por fin se enoja. Se escuchan otros ladridos cerca y se alcanzan a mirar jaulas grandes.

Durante el resto de las peleas vemos cómo los dueños acarician a sus perros para animarlos a continuar cuando éstos ya están cansados. Cómo piden una “raya”, que es sujetarlos y enfrentarlos para que peleen de nuevo cuando los animales ya no desean hacerlo, cómo les meten una especie de cuchillo curvo en el hocico para que suelten al otro perro o cómo les soplan a la nariz.

Sólo tres videos registran la fecha de su grabación: 6 de septiembre de 1995. Y alrededor de seis son grabados en una misma casa en la que varios jóvenes miran la escena con las manos en las bolsas del pantalón o los brazos cruzados. En algunos casos también aparece un fotógrafo que retrata a los animales mientras pelean.

La pelea más larga es aquella en que dos perras enormes luchan de noche a lo largo de quince minutos o más. Es una exhibición de crueldad tremenda que no tiene desenlace fatal, pero es muy dura. El señor que opera la cámara de video, que quizás es el mismo en todos los episodios, hace acercamientos a las mandíbulas abiertas, las lenguas y las heridas, mientras un niño que no rebasa los cinco años aparece mirando de cerca.

Los videos aparecen con rayaduras y hay momentos en que la calidad desciende a sus estándares más bajos. Hay peleas en completa oscuridad y una de ellas es interrumpida por dos niños que aparecen a punto de cenar frente a un refrigerador.

Los escenarios son de lo más diversos: patios de casas manchados de sangre, estacionamientos, calles, baldíos y una bodega de televisores. ¿Vivirá mi perro? es la pregunta que se hacen los dueños de estos animales que los filman como pasatiempo mientras aquéllos tratan de matarse.

No hay muertes, pero las miradas tristes de los perros son devastadoras. Se necesita atole en las venas para mirar los 90 minutos que duran los dos discos. La película termina sin previo aviso con el niño del refrigerador. Puede encontrar esto si pregunta en algunos puestos del Eje Central a un precio de 40 pesos, 30 si regatea.